lunes, julio 11, 2005

Abnegación

Hola amigo mío. No tengo ningún inconveniente en prestarte mis pulmones. Solo que acuérdate que necesito que me los devuelvas para el lunes, por favor, porque en la oficina sí no se puede contener la respiración demasiado. Con tanta celebridad que visita el estudio, imagínate, uno se queda repartiendo cada respingo y cada suspiro, que seguro me van a hacer falta.

Tú fumas, ¿no? No creas que tengo problema con eso. Es que si después le puedes dar una limpiadita, te lo agradecería, también porque es que le tengo alergia al humo y no quiero pasármela estornudando. Aunque si el lunes apareciera yo todo constipado, podría ser que me dejaran tomarme la tarde libre. Mejor déjalos tal cual. Entre amigos...

No sé dónde vas ni te quiero preguntar, pero por si acaso te advierto que soy bastante sedentario y si se te ocurre ir a escalar, hacer maratón o paracaidismo, pues ten mucho cuidado, que jamás he hecho la prueba y algo por ahí podría fallar. Por eso mismo no te puedo prestar mis arterias, porque justo las tengo que llevar a un chequeo. Lo que me va a costar.

Pero bueno, ya, con tal que estén aquí el lunes, llévate los pulmones, con toda confianza, nada más no te olvides de venir a descongelarme tempranito, o mejor tarde el domingo, porque capaz que alcanzo a ver los reprises del fútbol y los resultados de la lotería, imagínate que gane y entonces qué pulmones ni qué ocho cuartos, termino de pagar las cuotas de la cápsula criogénica y después que llueva hasta que quiera.

No hay comentarios.: