Sorpresa, sorpresa. Debajo del tercer escritorio de la izquierda, mi izquierda, no la tuya, encontrarás la pista que te faltaba. Es verdad que parece solo un viejo papel amarillento, pero que no te preocupe, remójalo tres días en zumo de limón, déjalo otros cuatro al sol, y luego anda a ver si te sirve para empezar a armar un collage por el que las hormigas se vuelvan locas.
No te ha ayudado, no importa. Regresa ahí mismo, donde encontraste el papel, y fíjate que escrito con tiza en el suelo está el número al que tendrás que llamar ni bien salgas de ahí, porque ya llevas siete días de retraso. Si se ha borrado, no hay problema, porque si mal no recuerdo yo te di mi número y tú lo copiaste en tu agenda, que espero la hayas conservado, no sé para qué la compras si llegado a febrero ya no apuntas nada.
Siguiendo con el plan, cuando me llames no hables muy alto, acuérdate de mi hiperacusia y ten compasión por favor. Como no podré estar seguro de que eres tú quien llama, repite muy despacio (y bajito) tu nombre completo, edad, estado civil, número de afiliación al seguro social y medida de aros. No, Dante no me ha pedido ese favor ni creo que piense proponerte matrimonio. Anda metido con no se qué vainas de la industria del cartón.
Volviendo, si ya certificamos que eres tú y no otra, discúlpame que voy a prepararme una taza de té, no sabes lo bien que sabe el de menta cuando llueve y está tan frío. ¿Cómo te voy a invitar uno, si estás al otro lado del teléfono? ¿Todavía estás? Qué bueno. ¿Cómo anda tu tía Marita?
No, espera, no hay tiempo para escuchar tus asuntos de familia. Lo que te quería decir es, sigue mis instrucciones al pie de la letra. Me quedó muy cargado, el té. Vuelve al tercer escritorio de la izquierda, ¿era la tuya o la mía? y debajo, pegado a la pared, no vas a encontrar nada, porque ahora que me acuerdo no tenía cinta adhesiva y espérate, sí, todavía lo tengo en el bolsillo... ¿Te podrías dar una vuelta por acá? Así nos distraemos un rato.
martes, enero 24, 2006
viernes, enero 20, 2006
oasis
He tenido la mitad de mi vida la misma pesadilla. No podía dormir. Estaba con los ojos cerrados, pero con los ojos bien abiertos en mi cama, mirando. Los relojes todos pulsan a destiempo. La gente respira. La casa entera se estira, sufre un espasmo, y regresa. Yo me río sin ruido en la oscuridad. Aquí no ha pasado nada.
Si es que mañana se repite, si sigo siendo la estatua de piedra, entonces quizá cambie, entonces quizá no cambie nada. Si me fuera, para no ver más las sombras familiares de mis dedos sobre mi cara, me ahogaría de tanto aire, eso me han dicho.
Mi oasis se acaba dos cuadras más adelante, cuando me deje de importar y deje de tener un nombre, y a nadie le parezca que pasé por allí. Mi oasis se cierra sobre mí, y no quiero contar esas historias. No quiero pausas para luego seguir el ciclo, no quiero treguas, no quiero esperanzas.
Que estalle o que implosione. Que me muera o viva a medias. No creo que me ahogue. Qué tal si busco yo, si me invento mis propias opciones, y después hablamos, cuando se hayan pasado los remordimientos y los cuartos de hora y las condescendencias. Cuando esté del otro lado haré de la mano, y verán que llegué sin novedad, solo un poco cansada.
Si es que mañana se repite, si sigo siendo la estatua de piedra, entonces quizá cambie, entonces quizá no cambie nada. Si me fuera, para no ver más las sombras familiares de mis dedos sobre mi cara, me ahogaría de tanto aire, eso me han dicho.
Mi oasis se acaba dos cuadras más adelante, cuando me deje de importar y deje de tener un nombre, y a nadie le parezca que pasé por allí. Mi oasis se cierra sobre mí, y no quiero contar esas historias. No quiero pausas para luego seguir el ciclo, no quiero treguas, no quiero esperanzas.
Que estalle o que implosione. Que me muera o viva a medias. No creo que me ahogue. Qué tal si busco yo, si me invento mis propias opciones, y después hablamos, cuando se hayan pasado los remordimientos y los cuartos de hora y las condescendencias. Cuando esté del otro lado haré de la mano, y verán que llegué sin novedad, solo un poco cansada.
lunes, enero 09, 2006
domingo de tarde
Básteme un día un pedazo de cuerda, no muy fina, con sus respectivos nudos. Otórgueme un espacio cuadrilátero, sin muchas pretensiones. Dedúzcame sola, desinteresada, calmada. Imagínese usted, llevo rato parada en esta misma esquina, esperando yo no sé qué cosa, y como el día avanza mi sombra se hace más larga, más larga. Me gusta repetir palabras, me gusta repetirlas y encadenarlas, y con ellas voy formando mi propia cuerda, no muy extensa, con sus respectivos nudos. Algún día voy a tener mi metro cuadrado, y mi farol. Y tomaré cada extremo de la cuerda en mis manos, y me pondré a saltar. Escúcheme, no tiene usted por qué preocuparse.
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