Se ha quedado sola y no tiene amigos. Cree que le va a gustar pasar así una temporada. Entonces se busca una radio vieja y la pone. No sintoniza bien. Pero hay un par de programas que hasta se entienden. Pasan música antigua, de esa que escuchaba el padre, cuando vivía con ella. Pasan pocas propagandas.
Como se ha quedado sola, no tiene que llamar a nadie, ni nadie quien la llame. Tampoco tiene teléfono. Guarda los números de sus amigos en un papel que ha puesto en medio de un libro, y a veces, cuando está distraída, la garabatea. Ya los números ni se entienden.
Cuando hace mucho frío, pasea por la habitación hasta que le duelen las piernas. Entonces se sienta a mirar por la ventana. En la calle, apenas si se ve pasar gente. Cuando llegue la temporada en que hace sol, saldrá a caminar un poco. Ahora es mejor estar ahí, las paredes son grises, la calle es gris, y sus pensamientos, que a veces intentan volverse lilas vuelven, poco a poco, a engrisarse. Cuando salga, quizá, algo de sol la ayude a disiparse, y se convierta en humo, y desaparezca, como ese vapor que ahora muere apenas se estrella contra los cristales.
viernes, junio 23, 2006
martes, junio 20, 2006
disculpas
Todo esto ha sido una equivocación. Yo no quería decirlo, porque pensé que se solucionaría solo, y he estado dejando pasar el tiempo para que no te sintieras tan mal. Pero no ha sido así. En primer lugar, todas esas conversaciones con ella, todo lo que dijimos, fue porque queríamos reírnos, de algo, de alguien, y tú eras lo que se nos ocurrió en ese momento. No te voy a mentir, fue muy divertido, con todo y lo idiota que te parezca que trate de justificarme así. Pero en ningún momento pensamos en lastimarte. Porque de verdad, no es que piense mal de ti, yo te respeto, en serio, solo que… A veces uno dice cosas estúpidas, hace pedazos a alguien, sin que sea nada personal, solo por diversión, ¿tú nunca lo has hecho?
Supongo que no.
Pero ya sabías que nosotras lo hacíamos, otras veces nos escuchaste hablando de otras personas, a ti mismo te fastidiamos un par de veces, pero te repito, no es que nos cayeras mal, solo pasó.
Luego ella decidió pasarles esa conversación a los otros.
Jamás me lo preguntó, nunca lo mencionó siquiera, si me lo hubiera dicho, yo te juro que nunca hubiera pasado, me las habría arreglado para convencerla de que no.
¿Me crees?
Aunque no me creas, puedo entender si tú, si después de todo, tú ya no me quieres hablar, porque yo en tu lugar tampoco desearía vernos ni muertas.
¿Estás enojado?
¿No?
Sería bueno saber qué es lo que piensas.
Ya te digo que te entiendo, pero por favor, dime algo. Ese es el problema contigo, nunca se sabe qué estás pensando, qué sientes, tienes que abrirte, no puedes dejar que la gente piense que no te afecta nada, porque entonces, entonces… algún imbécil como… como nosotras…
Debes odiarnos. Y estás haciendo que me deteste a mí misma.
Es obvio que no vas a hablar, pero igual, ya te dije lo que pasó. Ojalá te sientas mejor y después, si quieres, si te animas, podemos estar conversando. No te digo con ella porque obviamente, no vas a querer, y además yo tampoco tengo ganas de verla, pero…
Ya me voy.
No ha sido fácil esto pero igual quería verte. No soy tan idiota, sabes. O sí soy una idiota pero al menos lo estoy reconociendo. Ha sido una pena todo, todo.
Nos vemos.
Supongo que no.
Pero ya sabías que nosotras lo hacíamos, otras veces nos escuchaste hablando de otras personas, a ti mismo te fastidiamos un par de veces, pero te repito, no es que nos cayeras mal, solo pasó.
Luego ella decidió pasarles esa conversación a los otros.
Jamás me lo preguntó, nunca lo mencionó siquiera, si me lo hubiera dicho, yo te juro que nunca hubiera pasado, me las habría arreglado para convencerla de que no.
¿Me crees?
Aunque no me creas, puedo entender si tú, si después de todo, tú ya no me quieres hablar, porque yo en tu lugar tampoco desearía vernos ni muertas.
¿Estás enojado?
¿No?
Sería bueno saber qué es lo que piensas.
Ya te digo que te entiendo, pero por favor, dime algo. Ese es el problema contigo, nunca se sabe qué estás pensando, qué sientes, tienes que abrirte, no puedes dejar que la gente piense que no te afecta nada, porque entonces, entonces… algún imbécil como… como nosotras…
Debes odiarnos. Y estás haciendo que me deteste a mí misma.
Es obvio que no vas a hablar, pero igual, ya te dije lo que pasó. Ojalá te sientas mejor y después, si quieres, si te animas, podemos estar conversando. No te digo con ella porque obviamente, no vas a querer, y además yo tampoco tengo ganas de verla, pero…
Ya me voy.
No ha sido fácil esto pero igual quería verte. No soy tan idiota, sabes. O sí soy una idiota pero al menos lo estoy reconociendo. Ha sido una pena todo, todo.
Nos vemos.
lunes, junio 05, 2006
deo
¿Han visto qué lindo este lugar? Es mi favorito para venir a tomar un descanso. No hace ni mucho frío ni mucho calor, ni mucho viento ni mucha calma, ni mucha bulla ni mucho silencio. No hay demasiado de nada.
Me vengo todas las tardes, después del cafecito, a instalar aquí, y a veces creo que me quedo dormida, pero no sabría decir si es un parpadeo o son horas, cuando despierto apenas si ha cambiado el cielo. Me gusta mirar la ciudad, toda, las partes bonitas y las partes feas, como una niña que no se ha lavado bien la cara y quiere regresar cuanto antes a seguir con sus juegos. Hasta cuando no lo intenta, es hermosa.
Dicen que esa reja que está ahí, junto al muro, lleva a un cementario. Pero no veo cruces, no veo ángeles. Está cubierta de hierba, y todo lo que alcanzo a ver son montoncitos de piedras. Son para los no crédulos, me parece, o así me lo dijeron, ya se me empieza a olvidar. Entonces la gente ni cuando se muere es igual, no es lo mismo un muerto que cree -sabrá Dios en qué- que uno que no cree -sospecho que ahí también es Dios el único que sabe-.
Me pregunto en qué creo yo, y en si me está permitido imaginarme a mi propio Dios, mi deidad sin rostro y sin rumbo fijo. Un Dios que ríe y que llora, que se complace en lo ridículo y en lo sublime. Que no se queda quieto. Que cuando está triste se queda en silencio, y cuando entra en cólera, se traslada a lo más profundo hasta que se olvida del percance. Me gusta mi Dios, así como lo pienso, con sus preguntas incontestables y sus respuestas personalizadas. Con su hacerse cargo y su saber callar.
Se me hace que mi Dios es distinto, muy distinto al de los otros hombres y mujeres. Así debe ser. También yo soy diferente. Por eso es único, y por eso es el mismo. Mi Dios tiene cabello y ojos oscuros, no demasiado alto, y habla en castellano. De seguro eso ofende a los otros tipos raciales y lingüísticos. A mi Dios no le molesta. Como hace tiempo que me conoce, ya aprendió a leer todas mis letras, sabe que no lo estoy etiquetando. A veces, se detiene y se sienta a mi lado, y me observa. Se complace en verme repetirlo, contemplando el mundo que hemos construido sobre el mundo que él primero construyó. Hasta se complace en verme perdida en mis universos ficticios, porque sabe por experiencia propia lo bien que se siente.
Me vengo todas las tardes, después del cafecito, a instalar aquí, y a veces creo que me quedo dormida, pero no sabría decir si es un parpadeo o son horas, cuando despierto apenas si ha cambiado el cielo. Me gusta mirar la ciudad, toda, las partes bonitas y las partes feas, como una niña que no se ha lavado bien la cara y quiere regresar cuanto antes a seguir con sus juegos. Hasta cuando no lo intenta, es hermosa.
Dicen que esa reja que está ahí, junto al muro, lleva a un cementario. Pero no veo cruces, no veo ángeles. Está cubierta de hierba, y todo lo que alcanzo a ver son montoncitos de piedras. Son para los no crédulos, me parece, o así me lo dijeron, ya se me empieza a olvidar. Entonces la gente ni cuando se muere es igual, no es lo mismo un muerto que cree -sabrá Dios en qué- que uno que no cree -sospecho que ahí también es Dios el único que sabe-.
Me pregunto en qué creo yo, y en si me está permitido imaginarme a mi propio Dios, mi deidad sin rostro y sin rumbo fijo. Un Dios que ríe y que llora, que se complace en lo ridículo y en lo sublime. Que no se queda quieto. Que cuando está triste se queda en silencio, y cuando entra en cólera, se traslada a lo más profundo hasta que se olvida del percance. Me gusta mi Dios, así como lo pienso, con sus preguntas incontestables y sus respuestas personalizadas. Con su hacerse cargo y su saber callar.
Se me hace que mi Dios es distinto, muy distinto al de los otros hombres y mujeres. Así debe ser. También yo soy diferente. Por eso es único, y por eso es el mismo. Mi Dios tiene cabello y ojos oscuros, no demasiado alto, y habla en castellano. De seguro eso ofende a los otros tipos raciales y lingüísticos. A mi Dios no le molesta. Como hace tiempo que me conoce, ya aprendió a leer todas mis letras, sabe que no lo estoy etiquetando. A veces, se detiene y se sienta a mi lado, y me observa. Se complace en verme repetirlo, contemplando el mundo que hemos construido sobre el mundo que él primero construyó. Hasta se complace en verme perdida en mis universos ficticios, porque sabe por experiencia propia lo bien que se siente.
jueves, junio 01, 2006
sueño dos
Volví la noche anterior, y me encerré en mis ojos mientras esperaba que alguien lo notara. Nadie me hizo caso, y permanecí parcialmente ciega, recordando la rutina de la gente, la ubicación de las cosas, mis ruidos favoritos. Oí golpear suavemente unos dedos en la ventana. Sin darme cuenta, estaba de pie. Mi madre me llamó en ese momento desde la cocina, y volví sobre mis huellas para evitarla.
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