viernes, diciembre 23, 2005
u de ubicuo
Lo cambié hace dos o tres meses, tenía para rato, pero es mi manía de no apegarme a nada. Por eso cambio llaves, abrigos, recorridos, aficiones, y por eso ensayo hace años distintos tipos de caligrafía. No desconfíes, soy yo mismo escribiendo esta carta.
tres
Otras bestias se agitan, reposan, beben en ríos de agua poco profunda. Lejos, sobre el mar del este, baila borrosa una tormenta.
martes, diciembre 20, 2005
o de olvido
Mientras esperabas te miré, parpadeaste un millar de veces. Me dicen que debería dudar de tu palabra, y ya que me gustaría creerte, me preguntaba si querrías mantener la mirada fija, apenas un instante.
i de ilógico
Déjame estar un rato sola, me da por escuchar a los que pasan seguros de que he desertado. No se sabe cuántos vuelvan después de esto. Tú, tú no regreses.
e de exilio
Más tardas buscando la palabra, si no importa cómo lo vayan a tomar, cada uno mira con sus propios ojos. Y no sufras, aguantan o aguantan.
a de ariadna
Este bobo, que me dice que no tiene tiempo, se me pone difícil por el puro gusto de verme perder el hilo. Tú que lo conoces, diles que no estoy loco.
dos
Julia ya ha despertado, pero sus ojos no. Como sabe que se está haciendo tarde se levanta, se acerca al espejo (cuán bien se conocen esas paredes y ella), se peina, pero no puedo evitar contagiarse del bostezo de hipopótamo verdeazul que no sospecha que está siendo observado.
lunes, diciembre 19, 2005
uno
Sucede que un día, los ojos de Julia no se abrieron más. Y no es que Julia amaneciera muerta. Es que esa anterior noche, los ojos habían encontrado, oculto al reverso de las órbitas, un abismo hogar de criaturas somnolientas. Al fondo, se adivina el arco de una puerta.
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